A lo largo de todo el mundo existen restaurantes, hoteles, establecimientos y transportes que hacen de nuestro viaje una experiencia sostenible. Pero hay una parte que debemos llevar en la maleta…

El espíritu sostenible

¿Eres un turista sostenible? No sólo es una cuestión de recursos, también de actitudes.

Cuando viajas a un lugar extranjero, intenta adaptarte a las costumbres locales dejando de lado tus hábitos rutinarios durante unos días. Hay ciertas normas locales que es conveniente saber, como la religión mayoritaria, saludos cordiales, zonas de culto, etc.

Es útil saber la práctica de propinas y limosnas en la zona. No siempre serán bien o mal vistas, y no quieres tener tensiones durante tu viaje, ¿no?

Busca alojamientos sostenibles: una arquitectura eficiente con uso de energías renovables; una gestión de residuos adecuada con apuestas por los proveedores locales; un lugar al que se pueda llegar en transporte público o en vehículo comunitario; etc.

Compra local. La artesanía local te garantiza que los recuerdos serán más auténticos y estarás apoyando la economía de la zona. Ya que hablamos de compras, ¿sabes que el regateo en algunos países es un aspecto cultural?

Gastronomía local. Hoy en día las grandes cadenas de alimentación y restauración han llegado a casi todas las esquinas del planeta. Si quieres ser un turista sostenible, apuesta por la gastronomía local.

Ten encuenta la diversidad. No sólo de religiones, razas, sociedades y estilos de vida. Viaja sin prejuicios ni estereotipos previos, ayuda a disfrutar. ¡Ojo! Si vas a hacer fotos de personas locales, pide permiso antes de sacar la fotografía. Hay gente que no querrá ser tu modelo y debes respetarlo.

Cuestiones cívicas. O no hagas algo que no harías en tu propio hogar. No se deben dejar desperdicios, graffitis. Cierra el grifo cuando no lo estés usando, no abuses del aire acondicionado ni de las luces que no son necesarias (aunque sea otro el que paga la factura).

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